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Inversión de impacto: financiación que busca rentabilidad y cambio social

Fuente: Francesca Sanderson, Seva Phillips y David Maggs

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¿Y si hubiera dinero buscando exactamente lo que tu proyecto cultural hace por la sociedad? No hablamos de una subvención ni de un inversor que solo mira el beneficio: hablamos de la inversión de impacto, un terreno intermedio que está creciendo con fuerza y que abre una vía de financiación poco conocida en el sector cultural.

La inversión de impacto consiste en aportar capital a una organización buscando, a la vez, un retorno financiero y un retorno social. Es decir, el inversor quiere recuperar su dinero, idealmente con cierta rentabilidad, pero elige dónde ponerlo precisamente porque genera un cambio positivo e intencionado. Y aquí las industrias culturales y creativas tienen mucho que ofrecer: su impacto se extiende a la salud y el bienestar, la educación, la cohesión de las comunidades o la regeneración de territorios.

No es un nicho menor. Según el informe "Impact Investing in the Cultural and Creative Sectors" del Creative PEC británico, el mercado global de inversión de impacto se estimaba en más de un billón de dólares en 2022, y en países como Reino Unido se ha multiplicado por diez en una década. Ese capital procede sobre todo de fundaciones, agencias públicas y grandes patrimonios, y suele canalizarse a través de intermediarios que conectan a los inversores con las organizaciones sobre el terreno.

Una de las claves para que funcione en cultura es el capital combinado (blended finance): mezclar fondos más "pacientes" —donaciones o capital dispuesto a asumir las primeras pérdidas— con inversión convencional, de modo que se reduce el riesgo y se anima a entrar a inversores más prudentes. El informe lo ilustra con el caso de Arts & Culture Finance, una iniciativa incubada por la fundación Nesta que invirtió más de catorce millones de libras en medio centenar de organizaciones culturales, en su mayoría sin ánimo de lucro, demostrando que un modelo así puede devolver lo esperado a sus inversores.

Lo más interesante para un emprendimiento cultural es lo que aporta este capital: dinero más flexible y paciente que el de un préstamo tradicional, y una mentalidad orientada al largo plazo. No sustituye a las ayudas públicas, sino que las complementa, igual que otras vías privadas como los "business angels".

Conviene una mirada amplia: hay iniciativas por todo el mundo, desde HEVA en África Oriental hasta proyectos en Estados Unidos y Latinoamérica, y los nombres cambian —inversión de impacto, financiamiento de impacto o finanzas sociales— según el país.

Porque financiar la cultura no es solo pedir que crean en ti: a veces es encontrar a quien busca, justo, el cambio que tú ya estás creando.

Datos del recurso

Fuente
Francesca Sanderson, Seva Phillips y David Maggs
Año
2023
Formato
Enlace
Módulo asociado
Sostenibilidad financiera

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